¡¡¡ VIVA BORNOS !!!

13 mar. 2012

Cuando todo el monte es orégano

"  Malfiate  de quien no tiene nada que perder "  , refrán español muy conocido  que  nos avisa  del riesgo  que corremos  en las relaciones o convivencia  con aquellas personas  carentes de  medios económicos que aseguren  la cobertura de responsabilidad civil  por los daños que  ocasionen a  terceras personas o a sus bienes,  o bien para hacer frente  a sus obligaciones por los servicios que consumen, estamos  expuestos  a  que  estas carencias repercutan  sobre  nosotros,  los que por bienestar adquirido,  por prudencia , responsabilidad  propia  o  por miedo  a que nos  toquen  nuestro patrimonio   cumplimos con nuestros compromisos  contraídos  con la sociedad, bien con nuestros recursos propios  o bien  cubiertos por una póliza de seguros. 

Desde que las ciudades españolas  se fueron llenando de colectivos de emigrantes, actualmente   en Catalunya  esta población  supone   el 16 %,  llegando a las  siguientes cotas de concentración en los lugares  que  por poner un ejemplo se citan:  Castelló d´Empurias, ( Alt Empordà ),  49,99 %;  Guisona,   ( Segarra  ), 49,89 %:  Salt  ( Gironés ),  42,55 %; Lloret de Mar, ( La Selva ), 41,62,  por mucho  que  los gobiernos, entes públicos  y asociaciones  se empeñen  en  hacernos ver lo contrario,  los que vivimos el día a día  dentro de estas ciudades   y  en comunidades de propietarios  compartiendo  elementos comunes como espacios  y servicios:  contadores de agua  y luz, mobiliario, ascensores, etc., sabemos lo problemático que muchas veces resulta la  convivencia.

Obviamente  no trato de generalizar  culpando a todos por igual,  dentro del colectivo hay muchas familias  totalmente adaptadas,  a las que no hay nada que reprochar.  No obstante,  la falta de recursos  económicos  o, teniéndolos,  gran parte de éstos  son enviados a sus países de origen,  hacen que  muchos  lleven  una vida  de mera supervivencia.  Esta falta de recursos  por un lado y la falta de voluntad  de  cumplir  con unas obligaciones contraídas  por otro, nos involucran  ampliamente a quienes   sin recibir ayudas de ningún tipo  y   estirando la pensión  para  llegar a fin de mes,   o  pagamos  por los  servicios  que  con arreglo a nuestra cuota de participación nos   corresponde,  más la parte   que corresponde  a  ellos  como propietarios de una  vivienda,    o nos hundimos todos con ellos  por agotamiento de los recursos  económicos  para el mantenimiento  de dichos servicios,  viéndonos  privados   en nuestra casa  de elementos tan  necesarios como son: el ascensor,  servicio de limpieza,   luces de escalera, antena de  televisión,  póliza de seguro de la comunidad, etc.. Este ejemplo lo tenemos  en Figueres ( Alt Empordà, barriada Marca  de L´Am,  80 %  inmigración;  Banyoles ( Pla de L´Estany), carrer Barcelona,  90 %;  Girona, ( Can Gibert del Pla  y Santa Eugenia ), 70%;  Salt, ( centre ciutat  y Plaza Catalunya), 80 %.

Aparte de todo lo anteriormente enumerado, con la crisis en la que  nos encontramos inmersos, las citadas comunidades de  propietarios de viviendas han visto agravada  la morosidad  que ya venían sufriendo.  Muchos   de los inmigrantes   que  a su llegada  se hipotecaron en una vivienda , actualmente,  ante la imposibilidad de  pago de las mensualidades  correspondientes a la misma han optado por entregar  ésta al banco, por cuyo motivo, el  que abandona  la vivienda  no  se responsabiliza de  las cuotas a la comunidad, y el banco, al  no estar considerado como  propietario  tampoco se considera obligado a efectuar dichos pagos, por lo que se están creando  espirales  de morosidad crónicas  imposibles  de ser asumidas por los  pocos  propietarios  que quedan, desembocando  irremediablemente  en  una sufrida  suspensión de pagos  y con ello  de todos los servicios  tan necesarios  para  el buen   desarrollo  y bienestar  de la vida diaria.

Otra  forma de irresponsabilidad  que lleva a aquellos que nada tienen que perder se centra en   los casos  de obtener   bienes y servicios  de cualquier manera:   no tengo  luz  en mi casa,  la obtengo fraudulentamente  manipulando cualquier contador.

Y para terminar con este largo relato, aconsejo a todos cruzar los dedos antes de salir  a la calle  a pie o en coche  para no tropezar con alguien  que no teniendo nada que perder  nos puede  amargar  la semana.

Como siempre, mis mejores saludos para todos

Juan Cabrera 

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