¡¡¡ VIVA BORNOS !!!

13 jul. 2013

EL PARTICULAR BORNOS DE ANTOÑITO MEMEGÜELA I

Se queja el viejo Memegüela que en los diferentes mentideros bornichos digitales, los cuales celebra todos, nadie ha recordado aún a aquellas tres hermanas forasteras que durante un tiempo vivieron en nuestro pueblo. Le extraña que el misterio que las envolvía y la peculiaridad de su apariencia no hayan sido motivos para otro episodio textual del pasado pancipelao.


Me cuenta Antoñito que estas señoras marcharon tal y como llegaron. Nadie pudo asegurar jamás el donde: ni la procedencia ni el destino. Alega que no eran antisociales, más bien lo contrario; eran extrovertidas de un modo exagerado. Sobre todo con los vecinos varones, a los que pretendían sin distinción ni prudencia. Solteros y  casados, humildes y medio pelo, no hacían excepción ni para confirmar la regla. Pero, pobres ellas, nunca se les vio del brazo de un hombre… Al menos de un hombre bornicho.


Siempre vestían de negro justificando una viudez que todos ponían en duda. No por la coincidencia de sufrir tamaña desgracia tres hermanas de relativa juventud, sino por lo poco agraciadas que eran. “Feas para girar la vista” en palabras de Antoñito. Ante aquella completa inexistencia de hermosura las identificaron como la Postilla, la Mosqueta y la Cebaúra.


Contagiadas del pazanteo, gustaban del chismorreo ajeno pero no soltaban prenda del propio. Sobre su procedencia e historia se generó un sinfín de versiones, pero todas fruto de la invención y la más enfermiza curiosidad. La más extendida relataba que repasaban pueblos en busca de consorte y que Bornos sería otra estación de paso. A mí me cuesta creerlo; si en nuestro pueblo la burra de Matajaca se convirtió en icono sexual y hembra requerida, ¿cómo es posible que no existiese una maceta para tales…? En fin, no pongo en duda la palabra de Memegüela; cierto es que nunca tuve que llamarle mentiroso.


Llegaron a pedir asilo carnal a las viviendas de puertas siempre abiertas del Barrio de las Perchas. Estaban dispuestas a servir allí incluso sin cobrar, pero temerosa de ver peligrar su negocio, la doña no las admitió


No gustaban del alcohol ni eran dadas al caliqueño y eso lo padecían quienes se cruzaban con ellas, pues los olores del vino y el tabaco hubiesen paliado aquella peste alérgica que desprendían. ¡Cómo celebraron los vecinos más próximos la marcha de las tres! Ya no tendrían que quemar más romero en los corrales…


Caminando cogieron carretera (manta no se les vio), pues nadie se atrevió a llevarlas y dineros no querían gastar en transporte. “Agarradas como una pelea de pulpos también eran”, compara Antoñito.



José Bermúdez

2 comentarios:

Domingo dijo...

Querido Bermúdez, no dejes de investigar a tu conocido Memegüela, estas historias bornichas no tienen desperdicio, y habrá para escribir un libro que dará para un best seller.

juan dijo...


Antoñito, la próxima vez que nos veamos me dirás si se trata de " las tres Marías ".

Eres un " LA", y te envío un abrazo

Juan Carera