¡¡¡ VIVA BORNOS !!!

6 mar. 2012

DESDE JERUSALÉN A BORNOS TRAYÉNDOSE ITALIA

El 24 de noviembre del 2018, aún faltan más de seis años y medio, se conmemorará el quinto centenario de la partida hacia Jerusalén de Don Fadrique Enríquez de Ribera desde Bornos.  No fue la primera peregrinación que se hizo a Tierra Santa, pero lo que el Adelantado de Andalucía llevó a cabo a su vuelta en nuestro pueblo, atendiendo al orden cronológico de los acontecimientos conocidos, sí puede considerarse como una acción pionera en España. Don Fadrique realizó el primer Via-Crucis que se conoce en nuestro país desde el Monasterio de los Jerónimos hasta la llamada Cruz de Esperilla. En pequeños círculos borneases se debate si este monumento debe recibir una mayor promoción religiosa y turística, sobre todo si tenemos en cuenta que, por catalogarla de alguna manera, constituye el “primer destino cofrade”. Dicha discusión no se ha trasladado aún a la mesa institucional.

Con cuarenta y dos años y tras la colación en el monasterio jerónimo de Bornos, el Marqués de Tarifa pone rumbo a Tierra Santa acompañado por su mayordomo Alonso de Villafranca, un capellán y ocho criados. El cortejo viaja por estados señoriales de Don Fadrique, prosigue ceñido a la costa levantina y se detiene antes de la frontera para rendir visita a la Virgen de Montserrat. Accede al Rosellón por el col de Perthus y alcanza la campiña francesa, deteniéndose en Marsella para ensalzar la seguridad de su puerto.

 
La ruta continúa por el Delfinado, atraviesan los Alpes por el puerto de Mongiervo, y, a través de las llanuras lombardas y la Italia septentrional, Don Fadrique alcanza Milán. Allí le deslumbrará la catedral, que no puede evitar comparar con la de Sevilla, y los campos labrados, eco de las tierras andaluzas.

El 12 de mayo de 1519 llega a Venecia. Sobrecogido por su belleza, llegó a describirla como “la más hermosa población que ay en la Christiandad, porque sino se ve, no se puede juzgar”. Allí se unirá al patrón Marco Antonio Dandolo para navegar el primero de julio en la nao Coreça junto a ochenta y cinco peregrinos más. Entre ellos Don Fadrique entabla amistad con Juan del Enzina, quien luego le dedicará el poemario Trivagia.

Navegarán entre las islas del Mar Egeo y el 19 de julio de 1519 alcanzarán el canal de Rodas, donde se les prohíbe desembarcar ese día por medidas sanitarias;  la embarcación debía ser analizada y era preciso comprobar la salud y buen estado de todos. Tras recalar en Rodas, faldearon el enclave napolitano de Castilrojo en Asia Menor, con el permiso de los turcos, pues ello les permitía comerciar con mercaderes cristianos. Tras veinte días de la partida veneciana, alcanzaron el puerto de Jaffa.

Tras las formalizaciones burocráticas habituales y el pago de los injustos impuestos que exigían los naturales del lugar, se creó una caravana que caminó hasta Rama. Las etapas siguientes se caracterizaron por el paisaje desértico que les condujo hasta Jerusalén. Allí Don Fadrique rememoró la Pasión de Cristo y fue partícipe de la celebración de la eucaristía en la Iglesia del Santo Sepulcro.

Tras hacer noche en el Hospital de Santiago, los peregrinos disfrutaron de una visita por los lugares santos guiada por franciscanos del Monte Sión. También era habitual realizar excursiones a Belén, Nazaret y el río Jordán.

Para el viaje de regreso, el Marqués de Tarifa no tenía intención de poner rumbo directo a Sevilla, sino que deseaba detenerse en Italia e instruirse con su cultura. En Venecia adquirió antigüedades y artesanías de papel y cristal. En Florencia fue huésped de los Médicis, y conoció palacios y conventos, calles y viñedos. En Roma el papa León X introdujo a Don Fadrique en su corte artística, en sus reuniones y celebraciones. Era la época en la que el pontífice preparaba la excomunión de Lutero.

En mayo de 1520 llegaba a Nápoles. La última etapa de su vuelta Pedro García Martín la describe así: “Apenas le restaba a nuestro peregrino desandar el camino. De ahí que, ascendiendo por los Estados Pontificios, rindiera culto franciscano en Asís y mariano en Loreto, admirase la ‘acostada’ torre de Pisa, hiciese encargos a los traductores del Colegio Español de Bolonia, y, en fin, le sorprendiera la hermosura y libertad de las genovesas. Para acelerar la marcha por suelo francés, cruzar la frontera, adecentar la conciencia en el monasterio de Guadalupe y retornar a Sevilla el 20 de octubre de 1520”.

Don Fadrique Enríquez de Ribera había hecho uso de las armas en su juventud, participando en las trifulcas moriscas de la Axarquía y en la conquista del reino nazarí de Granada. Por eso en su madurez, y tras la enorme formación humanista que había adquirido en Italia, el Marqués de Tarifa se refugió en las artes.

En Sevilla mandó levantar el Hospital de las Cinco Llagas, popularmente conocido como de la Sangre, hoy Parlamento de la Junta de Andalucía; y el palacio de los Adelantados o de los Quattor Elementa, rebautizado en 1540 como Casa de Pilatos.

Y en Bornos,  transformó el castillo, de corte militar, en palacio, de tono residencial, y para ello trajo a los mejores artistas italianos que cuidaron estancias y jardines. Por ello se indica que Don Fadrique convirtió Bornos en cuna del Renacimiento de la Baja Andalucía.


Es por todo ello y por mucho más, que disponemos de seis años y medio para reconstruir y completar un pasado histórico, monumental y religioso que devolvería a Bornos una importancia no muy distante a la que tuvo hace casi quinientos años.

José Bermúdez Pérez

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si, el tema del quinto centenario de Don Fabrique habría que ir tratándolo ya. Informar bien de lo que hizo, pues muchos en Bornos lo desconocen, al igual que no saben que tenemos el ÚNICO JARDÍN RENACENTISTA toda andalucía gracias a él.

Pedro

Anónimo dijo...

¿Un vía crucis? ¿Estará Perico Calderero en contra de esto por ser algo religioso?

Anónimo dijo...

Gracias, Pedro, sin duda hay mucho trabajo por hacer y creo que tiempo para ello.
Si, como se puede afirmar atendiendo a los hechos históricos fechados conocidos, en Bornos se encuentra el origen de la Semana Santa, es algo que los bornichos deberíamos vociferar a los cuatro vientos.

José Bermúdez