¡¡¡ VIVA BORNOS !!!

3 abr. 2012

MEDIO SIGLO, DOS ÉPOCAS

Todos los españoles  nacidos  a  partir de  los años 1970   constituyen  la mayor parte de la población española.  Esta población, por tanto, no vivió  los duros ni blandos años  del anterior gobierno, la dictadura. No obstante,  esta gran mayoría  de personas  se comporta  como si en realidad  sí  lo hubieran vivido: opinan,  afirman, critican, alaban, etc. Yo,  sin  ánimo de corregir  ni criticar a nadie  por sus  opiniones,  vengan éstas de donde vengan  y sean del color  que sean,  como persona que sí   he vivido  ambas épocas, la primera desde  su principio  al final y la segunda, desde  su inicio   hasta la actualidad,  sólo trato de exponer  un criterio, mi criterio personal sobre  ambas épocas, que en  modo alguno  intenta sobreponerse  al de los demás.

Nacido en el comienzo de los cuarenta,  sufrí  los efectos  de  una  guerra  fratricida   que  terminó  con  una España  desecha  y  una  dictadura  aplastante y  represora.  Cuesta mucho sacrificio  salir  de la situación caótica en la que nos encontrábamos  y  después de  quince años  se empieza a despejar la inmensa niebla que nos envolvía.  Empiezan  los trabajos públicos,  la construcción de embalses; el Instituto Nacional de Colonización  empieza a construir  nuevos núcleos  rurales: Coto de Bornos,  Guadalcacín, La Barca,  etc.  El Patronato Nacional de la vivienda  lleva a cabo  en todo el territorio nacional la construcción  de las llamadas " casas baratas ", un ejemplo de  esto en Bornos  son  todas las viviendas construidas en la  “Carrera”, actualmente  calle  San Laureano. El   Plan Marshal,   ayuda  estadounidense  a cambio de la instalación de  bases  militares  también contribuye  a la mejora  de la economía.  En la agricultura,  la aparición de nuevas plantaciones como el algodón y  la  remolacha  crean también mucho empleo. 

Con el final de los cincuenta y principios de los sesenta  llegan dos fenómenos  muy significativos  en la economía de España:  Uno,  la  emigración  exterior e interior;  otro,  el primer boom de la construcción  a lo largo y ancho de  todo nuestro  litoral.

Con el primero, la emigración  que  se dirigía a los diferentes países europeos  lo hacían  con  las  dificultades  que suponía  el estar  varios años separados de su familia,  pero también con la ilusión  de que  ésta quedaría  bien amparada económicamente  y  que tras varios años en Alemania,  Suiza o Bélgica,  se construirían  en su  pueblo  aquella casita  con que tanto habían soñado  o  montar  el bar  o tienda que  les ayudaría  a vivir con comodidad. 

Con el segundo,  los flujos migratorios que nos  dirigimos a Cataluña,  País  Vasco, Madrid,  o Valencia  lo hicimos  con el objetivo de  asentarnos  allí donde  nuestro futuro y el de nuestros hijos  resultaran más  prometedores. Así, con una demanda de mano de obra como nunca se había conocido  y una estabilidad económica,  todos los recién llegados, que en un principio  nos alojamos de alquiler,  en poco tiempo    compramos  nuestras viviendas,  ello a pesar de que  el alquiler  de una vivienda  de renta limitada  suponía entre un  15 y un 20 por ciento.

Comparativas de dos épocas, La  vivienda. El  Ministerio de la Vivienda,  representado  provincialmente  por  del Patronato del mismo nombre  obligaba  al promotor urbanístico  a construir  un número de  viviendas  de protección oficial  proporcional  casi en un cincuenta por ciento a las de renta libre, éstas no podían exceder de  94,5    metros cuadrados construidos  ni de un precio superior a    9000   pesetas metro .  Bajo este sistema  se construyeron  millones de viviendas  en las décadas  de los sesenta y setenta.

El sistema hipotecario  funcionaba  de  manera que a nadie  se le concedía  más del setenta por ciento  del valor de la vivienda, el 30 % restante  era buscado por otras vías:  ahorro, créditos personales,  préstamo  de la empresa   en la que se trabajaba, etc.  ni  que el  pago de las cuotas  de las hipotecas  supusiera más del  30%  de los ingresos  netos de la familia. Las hipotecas se constituían  a un interés  aproximado del 8% y  un  tiempo máximo de quince años, con la opción de dos años de carencia. Los casos de desahucio tan frecuentes en la actualidad, 52.8OO  sólo en 2011,   eran totalmente desconocidos. 

Y así, amigos, llegamos a los ochenta,  la dictadura aplastante  de  los años de la posguerra, que hace  varias décadas   pasó  a llamarse dictablanda  se va perdiendo   por los caminos  de la democracia.

Dado que el  resumen de todo el contenido  que quiero imprimir  en este  relato  se  haría  muy extenso  lo divido en dos partes,  ésta  primera  en esta semana y la segunda  en la  próxima.

Como siempre,   hasta una próxima intervención  os envío  un afectuoso saludo.

JUAN CABRERA.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Maravilloso artículo, Juan. Deseoso estoy de leer la segunda parte.

Pedro P